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Blog de Educación y de Adiestramiento Canino

Adiestramiento Canino

 ENSEÑAR AL GUÍA

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Por Arsenio Menchero

 

 

 

 

Escribo estas líneas justo después de recibir un perro para adiestrar en nuestro Centro de Adiestramiento Canino CCAM99.

Explicaba su dueña que este ejemplar había completado su adiestramiento básico y que estaba comenzando un programa más avanzado pero que, el día anterior, le había dado un disgusto tremendo al propinar un colmillazo en la mejilla a un niño de 8 años que aprovechaba su visita para darle órdenes. ¿Un niño ajeno a la casa mandando al perro?. Si, contestó, porque era mi sobrino y estaba jugando con él. Hablamos de un perro de talla grande, de un año y poco, muy activo, que ostentaba su desobediencia mostrándose indómito y haciendo en todo momento lo que le venía en gana. Me saludó ladrando, inseguro pero impertinente. En suma, un perro inquieto, desordenado y confundido. Reconocía esta señora que estaba equivocada al pensar que su perro se estaba metiendo en vereda y no fue hasta que esto ocurrió cuando se planteó que las cosas no iban bien. Quien llevaba a cabo el adiestramiento del perro no debía tenerlo tampoco  muy claro. Entrenaba sociabilidad con los perros sueltos, en grupo, a lo César Millán, pero sin serlo.

Todos los adiestradores trabajan a los perros pero, ¿cuantos enseñan a los propietarios a hacer lo que deben y les explican lo que no deben hacer?. No pocos, tanto de unos como de otros, se confunden al pensar que un perro se puede tener de cualquier manera, ignoran el procedimiento para establecer normas de convivencia y carecen de recursos para hacer que se cumplan.

Para ejercer una tenencia responsable de un animal hay que conocer sus necesidades como especie, como raza y como individuo. Y si bien es cierto que el perro se integra a la perfección en la familia, es obvio que no es un niño. Lo peor que puede sucederle a quien no es humano es ser humanizado.

Los perros tienen necesidades concretas. Son gregarios y cazadores. Han nacido para vivir en manada y para cazar en grupo. Y nosotros hemos de procurar que se adapten a nuestro ambiente, que hagan ejercicio, que satisfagan sus pulsiones predatorias en escenarios de caza naturales o artificiales y que se diviertan.

El perro de familia sufre un proceso llamado neotenia. ¡Menos mal!. Las condiciones de vida del perro de ciudad le impiden alcanzar la madurez, al contrario de lo que ocurriría si su existencia transcurriera en la naturaleza. El perro de casa se hace viejo siendo infantil porque, precisamente eso, permite que se comporte con la inocencia y la ductilidad de un cachorro. No nos interesa tener perros cimarrones, ejemplares dominantes, perros inmanejables.

Los propietarios de perros, especialmente los de los animales que muestran problemas de relación con su entorno, sea con otros animales, con las personas o con los objetos, recurren al consejo o a la ayuda profesional. Pero demasiados adiestradores se limitan a poner el foco en el perro, olvidando que el objetivo del adiestramiento es el aprovechamiento del perro por el dueño.

No olvidemos que cuando nos traen un perro a la Escuela de adiestramiento Canino es porque sus propietarios necesitan que esté bajo control. El dueño no desea que su perro haga virguerías. Lo que quiere es que no se le escape de las manos. Necesita poderle tener en el jardín sin que quede como si hubiera pasado el caballo de Atila, que donde pisaba no volvía a crecer la yerba. Desea poder pasear con él sin que tire de la correa, sin que se detenga cuando le parezca para hacer sus necesidades, sin que ladre a todos los perros con los que se cruce, sin que se abalance sobre quien se nos acerca. Le gustaría que su perro le acompañara en una terraza, o en el parque, hacer footing juntos. Se compró un perro para disfrutarlo y no para sufrirlo.

Pero no ha nacido aún quien cuando marcha hacia el norte no se aleja del sur. En la vida hay limitaciones y lo mejor es reconocerlo.

Los perros tienen limitaciones. No todos pueden estar sueltos en casa cuando vienen los amigos. No todos pueden jugar con otros perros en el parque. No todos pueden correr durante una hora. Etcétera, etcétera, etcétera...

También el guía tiene limitaciones. Y ha de conocerlas para poder asumirlas.

Los adiestradores debemos enseñar a los guías el lenguaje canino, la técnica de utilización de las herramientas de adiestramiento, la manera de diseñar un programa de entrenamiento. Por supuesto. Pero, sobre todo, estamos obligados a poner sobre la mesa, con respeto pero sin indulgencia, las limitaciones del guía. Porque el techo del adiestramiento no solo lo determina la calidad del perro, sino también la autoridad del guía, su mano izquierda y su habilidad. Más vale prevenir que curar y que quien evita la situación evita el peligro. Un perro de familia no debe morder a nadie.

Los adiestradores caninos hemos de enseñar a nuestros clientes a aceptar las reglas básicas del manejo de perros:

  • Tener un sitio cerrado para el perro que el perro considere suyo y solo suyo, un cobijo que le guste y donde siempre esté tranquilo (mínimo una Kennel).
  • Guardar el perro cuando recibamos gente en casa.
  •  No dejar a los niños jugar con el perro. Siempre resulta peligroso para alguna de las dos partes.
  • No dejar al perro jugar con perros desconocidos. Evitaremos peleas.
  • No dejar que el perro interactúe más que con el guía durante los paseos. A nadie se le ocurre conducir el coche a medias.
  • Hay que entrenar la sensibilidad a la correa. El perro debe mantenerse bajo el control de la correa, como hace un caballo entre las piernas y la mano. El control por el comando y el control del movimiento se deben entrenar separadamente.
  •  No olvidar que no es lo mismo adiestramiento que habilidades caninas. Los perros de circo no necesariamente obedecen fuera del escenario.

Pero, sobre todo, no me canso de repetir que el adiestramiento canino debe ser dirigido por profesionales cualificados y no por quienes deberían estar aprendiendo en lugar de enseñando.

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