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ADIESTRAMIENTO DE PERROS

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Blog de Educación y de Adiestramiento Canino

Adiestramiento Canino Cognitivo-Emocional

LA COGNICIÓN Y LA EMOCIÓN EN EL ADIESTRAMIENTO CANINO

Autor: Arsenio Menchero


 Adiestramiento-canino-cognitivo-emocional
Antes de entrar a considerar el llamado "Adiestramiento Canino Cognitivo-Emocional", término tan de moda frecuentemente malentendido, hagamos un breve repaso histórico de la evolución del adiestramiento actual, entendiendo como tal el trabajo de enseñanza de perros llevado a cabo durante lós últimos 150 años.
 
El término etología, acuñado por el zoólogo francés Saint-Hilaire en 1854, se refiere al estudio del comportamiento animal.

El adiestramiento de perros se basaba en los años 1920 en la Psicología Conductista Asociacionista: se enseñaba a los perros nuevas conductas sobre asociaciones estímulo-respuesta, basadas en el Condicionamiento Clásico de Pavlov, en el Condicionamiento Instrumental de Thorndike y en el Condicionamiento Operante de Skinner.

En los años 1950 se diferenciaron dos claras tendencias:
    .- Los americanos trabajaban apoyándose en las teorías conductistas de Skinner (los comportamientos reforzados en positivo se repiten; los castigados, se extinguen).
    .- Los europeos defendían el trabajo basado en la etología clásica adaptativa de K. Lorenz, N. Tinberg y H.Von Frisch
 
En los años 1960 los americanos continúan siendo partidarios del conductismo tradicional, mientras que los europeos incorporan las ideas de Helmut Raiser y su sistema de trabajo basado en el Pressing, que combina etología (instinto) con conductismo (empleo de Presión Activa para amplificar el instinto).
 
A partir de los años 1970 se empieza a hablar del adiestramiento cognitivo-emocional. Aparecen entonces partidarios y detractores del nuevo sistema. Se cuestiona la cognición en los animales al comparar sus capacidades mentales con las de los seres humanos. Se habla de cociente de encefalización, se confunde cognición con intelectualización y se niega la mayor: los animales no tienen capacidad de elaborar pensamientos abstractos.
 
Pero es que la inteligencia de cada especie no es comparable, ni en términos absolutos ni en relativos, con la de otras. Y, resumiendo, los perros piensan... como perros. No como delfines, ni como chimpancés, sino como perros. Pero piensan. Eso es innegable.
 
Se define cognición como el proceso interno realizado por el ser vivo en base a la información ambiental.
 
Y la emoción se identifica con una sensación del ánimo. La emoción es una reacción psico-fisiólogica del individuo que, predisponiendo el desarrollo de conductas instintivas concretas, representa un modo de adaptación al estímulo que la produce. Por ejemplo, el miedo reúne un estado psicológico de disconfort, una respuesta fisiológica de taquicardia, de temblor y de aumento del flujo sanguíneo en las extremidades y una tendencia a la huida o a la defensa, bloqueándose otras pautas de acción que no sean estas.
 
Decía Seymour Papert: “Los conductistas son muy amigos de utilizar el término “teoría del aprendizaje” para referirse a los fundamentos de su modelo, pero aquello de lo que están hablando no es “aprendizaje”, entendido como aquello que hace el aprendiz, sino “instrucción”, entendido como aquello que el profesor hace con su alumno”.
 
La cognición implica cierto esfuerzo mental. Veamos un ejemplo:
 
Una conducta final puede “moldearse” a través de premiar aproximaciones sucesivas, reforzando  conductas cada vez más parecidas a la que se desea conseguir. Y este proceso es un verdadero aprendizaje activo por parte del alumno, que implica control sobre el ambiente. Para enseñar el “sentado” se premia primero que el perro mire hacia arriba, luego que baje un poco la grupa, después que la descienda más y, así sucesivamente, hasta que llegue a sentarse. Así se lleva a cabo un aprendizaje cognitivo.
 
Nada tiene que ver con el “modelado” de la misma conducta, que se logra con acciones activas del profesor ante un alumno reactivo que se deja hacer. Para el mismo ejercicio se tensaría del collar hacia arriba y se empujaría la grupa hacia abajo, hasta que el perro adoptara la posición. Así se realizaría una enseñanza por condicionamiento.

En el adiestramiento actual debemos  servirnos de cuantos recursos estén a nuestro alcance. Enseñamos estímulos con Condicionamiento Clásico Pavloviano (el clicker adquiere valor al asociarse a la comida), reforzamos comportamientos con Condicionamiento Instrumental de Bejterev y Skinner, automatizamos conductas para lograr velocidad.

También enseñamos al perro conceptos, ideas generales útiles en diferentes contextos. El refuerzo y el castigo positivo y negativo pueden emplearse para enseñar comportamientos pero también se utilizan como herramientas para que el perro realice acciones determinadas que no son el fin en sí mismas, sino recursos de actuación. El perro se apoya en sus conocimientos para resolver nuevos conflictos y se autorefuerza, disfruta haciéndolo.

El luring (seguir un señuelo, comida por ejemplo) es una técnica que se emplea para que el perro se mueva por donde se le conduce y así poder enseñarle en muy pocas sesiones las posiciones (de pie, sentado, tumbado), las colocaciones y los desplazamientos junto al guía(a la derecha, a la izquierda, delante, debajo).

El targeting (concentrarse en un focus o seguirlo) es el siguiente paso del mismo proceso.

El Timing es el uso del comando y del refuerzo sonoro.

Pero hoy en día es impensable adiestrar sin considerar el estado mental del alumno durante el proceso de aprendizaje. No solo porque el perro debe  aprender a modular su comportamiento frente al estímulo que le produce un estado emocional concreto, sino porque la emoción en sí misma, si es de alta intensidad, puede desencadenar forzosamente sólo ciertas actuaciones instintivas concretas, bloqueando otras.

Si el miedo provoca ganas de huir, impide cualquier otra pauta de conducta. Si el perro que huye por miedo se encuentra al guía en su trayecto y se siente bien a su lado, acudirá mejor a la llamada en caso de inseguridad. El perro que aprende a huir de la presión hacia un ejercicio concreto, realiza éste mejor cuando la situación ambiental le es desfavorable. El perro que se acostumbra a manejar el  estrés se hace más fuerte y acaba encontrando un placer masoquista en trabajar en condiciones adversas, exactamente igual que el deportista disfruta venciendo obstáculos y superándose.

La emoción también puede nublar la cognición cuando produce en el perro un estado apetitivo desmedido (frente a la comida o ante el Figurante, por ejemplo), tanto que bajo su influencia el  animal puede llegar a perder su capacidad de aprendizaje e, incluso, su autocontrol.  Por eso es necesario que el adiestrador sepa trabajar a su perro en distintos niveles de energía y también que el perro aprenda a permanecer en cada uno del ellos durante todo el tiempo que se le pida. Por eso es tan importante mantener un nivel de reforzamiento acorde al nivel de energía que facilite cada trabajo o cada ejercicio concreto.

La calidad de los perros de trabajo de hoy en día exige que exista un firme equilibrio entre impulso instintivo y entrenamiento técnico. Es preciso que el perro domine su estado de ánimo y que mantenga su excitación bajo control. Se hace imprescindible que la cabeza domine al corazón. Sólo así se podrá realizar un trabajo deportivo con empuje, un trabajo que transmita al espectador el arte de la energía comprimida, un trabajo que haga vibrar la grada, un trabajo excelente. 

 

Ver También: LURING, TARGETING, TIMING, PRESIÓN ACTIVA

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